Septiembre: mes de prevención de embarazo adolescente

Archivado en (articulos) escrito por dimelaplena el 16-09-2010

 

Mónica ha llegado más temprano que de costumbre a clases, busca a Samuel su enamorado, necesita contarle que sospecha qué es lo que le está pasando, ha tenido el retraso más largo de su vida, al salir de clases acuden a comprar una prueba de embarazo en la farmacia más lejana de la ciudad, la verdad es que Mónica está embarazada y no sabe qué es lo que va a enfrentar de ahora de adelante.

 Esta es la historia de tantos y tantas adolescentes que al viven en nuestro país,  aun no han acabado la secundaria e interrumpen su proyecto de vida con un embarazo no planificado.

 En el Ecuador aproximadamente el 30% del total de la población son adolescentes y jóvenes y dos de cada 3 adolescentes de 15 – 19 años sin educación son madres o están embarazadas por primera vez. Las proporciones de maternidad adolescente son hasta cuatro veces más altas entre las que no tienen educación (43%) comparadas con las de niveles educativos más altos (11% con secundaria completa).

La tendencia de la fecundidad adolescente en el Ecuador en la última década es al incremento, siendo la más alta de la sub región andina y oscila alrededor de 100 nacimientos por cada mil mujeres.

El 57% de mujeres entre 15 y 24 años eran estudiantes cuando supieron su primer embarazo e interrumpieron sus estudios, de ellas tan solo el 16,5% volvió a estudiar y el 41% en promedio no volvió a hacerlo.

El pensar en un plan de vida que se destruye o se tiene necesariamente que postergar para luego de haber pasado los primeros años de vida del niño o niña, y es que tantas son las adolescentes que no han regresado al colegio porque tienen que trabajar y dedicarse a la crianza de su hija/o.  

 La incidencia de embarazos adolescentes se relaciona con limitaciones e insuficiencias en el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, así como a la información y la educación, quizá con esta afirmación pensemos en el área rural de las ciudades, sin embargo se trata de un tema generalizado, incluso se ha considerado como un problema de salud pública, no solo asociado a los trastornos orgánicos propios de la juventud materna, sino porque están implicados factores socio-culturales y económicos que comprometen a la madre e hijo.

 Y es que la responsabilidad la tenemos todos y todas, vivimos en una sociedad que vende sexo, la publicidad está llena de mensajes alusivos al sexo, los medios de comunicación presentan una imagen del o la adolescente involucrándose a prácticas sexuales sin los cuidados necesarios y sin la información adecuada y en casa las personas adultas aun no naturalizan el tema, prefieren cambiar el canal o simplemente dejar que pasen las imágenes sin decir o preguntar nada.

El tema de la sexualidad no es de tratamiento fácil, más aun si cuando fuimos adolescentes nunca nos hablaron ni nos informaron acerca de la prevención, sin embargo se hace necesario que ahora nos demos cuenta de que los índices de jovencitas que se embarazan ha aumentado y que cada vez nos enfrentamos a una sociedad más discriminadora, con pobreza de información, llena de prejuicios.  

En vista de esto es necesario crear programas para fomentar la información y los servicios requeridos a los jóvenes para concientizarlos, trabajar en  una sexualidad responsable para que estén listos a tomar decisiones teniendo la información adecuada. Asimismo, es necesario crear centros de apoyo para las adolescentes embarazadas, tanto desde el punto de vista médico como emocional.

 (Los datos estadísticos fueron tomados del Plan Nacional de Prevención de Embarazo Adolescente)

Experto en bioética critica la ideaología de género

Archivado en (videos) escrito por dimelaplena el 15-09-2010

Jorge Scala: “el concepto de género rompe con la antropología humana”

Organización promociona el aborto mediante grafitis

Archivado en (articulos) escrito por dimelaplena el 14-09-2010

Parecido a los anuncios de ventas de terrenos y viviendas, varios grafitis escritos en paredes llaman al “aborto seguro”. Un grupo de jóvenes promocionan esta propuesta con frases como “las mujeres decidimos” y un número de celular.

El mensaje ha causado reacciones. En algunos lugares los dueños de los muros se han apresurado a borrarlos y otros los han distorsionado. Grupos contrarios han escrito frases como: “Abortar es matar, ¿quieres asesinar?”. También han incluido palabras para dar mensajes opuestos: “Sin miedos ni culpas yo decidí NO abortar”.
Salud Mujeres es un grupo que forma parte de la denominada Coordinadora Juvenil por la Equidad de las Mujeres, una ONG integrada por jóvenes de 15 a 24 años, cuya sede se encuentra en Quito. Tiene sitio web (www.coordinadorajuvenil.org), donde ofrece consejos para abortos y es la que promueve el “aborto seguro”.

“El objetivo es brindar a las mujeres información gratuita oportuna y científica acerca de cómo se puede interrumpir un embarazo de manera segura con el fin de evitar más muertes de mujeres por abortos inseguros practicados en la clandestinidad”, indica el perfil del grupo.
 Visión médica
“No hay aborto seguro, luego de haberse practicado la mujer un aborto, si no fallece quedará con consecuencias psicológicas y mentales graves”, asegura el médico Edgar Andrade.

“En ningún sentido jamás serán felices. Lo práctico es elegir no tener sexo antes del matrimonio, ni fuera del matrimonio. La integridad sexual debe primar por sobre todo y ser política de Estado en la educación básica”, recomienda el galeno.
El artículo 45 de la Constitución señala: “El Estado reconocerá y garantizará, la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción”.
Según la abogada Irene Chica, “la mujer que no anhela responsabilizarse de por vida como madre tiene la opción de dar a su hijo en adopción o, la decisión más difícil, practicar el aborto”.
“No es nada falso que desde siempre han existido los abortos, para crear conciencia en hombres y mujeres es necesario impulsar una campaña de educación sexual a temprana edad, ya que los jóvenes no están conscientes de las graves consecuencias ”, sostiene Chica.

 La Iglesia

La Iglesia mantiene la fortaleza ética para no caer en la propuesta de muerte.

Quizá por el engaño, la mujer acude a los lugares donde se practican abortos aparentemente seguros.

“Es urgente luchar contra el atentado a la vida, poner en los oídos de los jóvenes la buena nueva de Jesús. Yo quiero que tengan vida y en abundancia”, explica el padre Manuel Ramón, párroco de Nulti.  (RET)

 Cuenca.

Diario el Tiempo 13/09/10 

BASURA Y GÉNERO. MEAR/CAGAR. MASCULINO/FEMENINO

Archivado en (articulos) escrito por dimelaplena el 08-09-2010

Por Beatriz Preciado

Más acá de las fronteras nacionales, miles de fronteras de género, difusas y tentaculares, segmentan cada metro cuadrado del espacio que nos rodea. Allí donde la arquitectura parece simplemente ponerse al servicio de las necesidades naturales más básicas (dormir, comer, cagar, mear..) sus puertas y ventanas, sus muros y aberturas, regulando el acceso y la mirada, operan silenciosamente como la más discreta y efectiva de las “tecnologías de género.”

Así, por ejemplo, los retretes públicos, instituciones burguesas eneralizadas en las ciudades europeas a partir del siglo XIX, pensados primero como espacios de gestión de la basura corporal en los espacios urbanos, van a convertirse progresivamente en cabinas de vigilancia del género. No es casual que la nueva disciplina fecal impuesta por la naciente burguesía a finales del siglo XIX sea contemporánea del establecimiento de nuevos códigos conyugales y domésticos que exigen la redefinición espacial de los géneros y que serán cómplices de la normalización de la heterosexualidad y la patologización de la homosexualidad. En el siglo XX, los retretes se vuelven auténticas células públicas de inspección en las que se evalúa la adecuación de cada cuerpo con los códigos vigentes de la masculinidad y la feminidad.

En la puerta de cada retrete, como único signo, una interpelación de género: masculino o femenino, damas o caballeros, sombrero o pamela, bigote o florecilla, como si hubiera que entrar al baño a rehacerse el género más que ha deshacerse de la orina y de la mierda. No se nos pregunta si vamos a cagar o a mear, si tenemos o no diarrea, nadie se interesa ni por el color ni por la talla de la mierda. Lo único que importa es el GÉNERO.

Tomemos, por ejemplo, los baños del aeropuerto George Pompidou de Paris, sumidero de desechos orgánicos internacionales en medio de un  circuito de flujos de globalización del capital. Entremos en los baños de señoras. Una ley no escrita autoriza a las visitantes casuales del retrete a inspeccionar el género de cada nuevo cuerpo que decide cruzar el umbral. Una pequeña multitud de mujeres femeninas, que a menudo comparten uno o varios espejos y lavamanos, actúan como inspectoras anónimas del género femenino controlando el acceso de los nuevos visitantes a varios compartimentos privados en cada uno de los cuales se esconde, entre decoro e inmundicia, un inodoro.  Aquí, el control público de la feminidad heterosexual se ejerce primero mediante la mirada, y sólo en caso de duda mediante la palabra. Cualquier ambigüedad de género (pelo excesivamente corto, falta maquillaje, una pelusilla que sombrea en forma de bigote, paso demasiado afirmativo…) exigirá un interrogatorio del usuario potencial que se verá obligado a justificar la coherencia de su elección de retrete: “Eh, usted. Se ha equivocado de baño, los de caballeros están a la derecha.” Un cúmulo de signos del género del otro baño exigirá  irremediablemente el abandono del espacio mono-género so pena de sanción verbal o física. En último término, siempre es posible alertar a la autoridad pública (a menudo una representación masculina del gobierno estatal) para desalojar el cuerpo tránsfugo (poco importa que se trate de un hombre o de una mujer  masculina).

Si, superando este examen del género, logramos acceder a una de las cabinas, nos encontraremos entonces en una habitación de 1×1,50 m2 que intenta reproducir en miniatura la privacidad de un váter doméstico. La feminidad se produce precisamente por la sustracción de toda función fisiológica de la mirada pública. Sin embargo, la cabina proporciona una privacidad únicamente visual. Es así como la domesticidad extiende sus tentáculos y penetra el espacio público. Como hace notar Judith Halberstam “el baño es una representación, o una parodia, del orden doméstico fuera de la casa, en el mundo exterior”.

Cada cuerpo encerrado en una cápsula evacuatoria de paredes opacas que lo protegen de mostrar su cuerpo en desnudez, de exponer a la vista pública la forma y el color de sus deyecciones, comparte sin embargo el sonido de los chorros de lluvia dorada y el olor de las mierdas que se deslizan en los sanitarios contiguos. Libre. Ocupado. Una vez cerrada la puerta, un inodoro blanco de entre 40 y 50 centímetros de alto, como si se tratara de un  taburete de cerámica perforado que conecta nuestro cuerpo defecante a una invisible cloaca universal (en la que se mezclan los desechos de señoras y caballeros), nos invita a sentarnos tanto para cagar como para mear. El váter femenino reúne así dos funciones diferenciadas tanto por su consistencia (sólido/líquido), como por su punto anatómico de evacuación (conducto urinario/ano), bajo una misma postura y un mismo gesto: femenino=sentado. Al salir de la cabina reservada a la excreción, el espejo, reverberación del ojo público, invita al retoque de la imagen femenina bajo la mirada reguladora de otras mujeres.

Crucemos el pasillo y vayamos ahora al baño de caballeros. Clavados a la pared, a una altura de entre 80 y 90 centímetros del suelo, uno o varios  urinarios se agrupan en un espacio, a menudo destinado igualmente a los lavabos, accesible a la mirada pública. Dentro de este espacio, una pieza cerrada, separada categóricamente de la mirada pública por una puerta con cerrojo, da acceso a un inodoro semejante al que amuebla los baños de señoras. A partir de principios del siglo XX, la única ley arquitectónica común a toda construcción de baños de caballeros es esta separación de funciones: mear-de pie-urinario/cagar-sentado-inodoro. Dicho de otro modo, la producción eficaz de la masculinidad heterosexual depende de la separación imperativa de genitalidad y analidad. Podríamos pensar que la arquitectura construye barreras cuasi naturales respondiendo a una diferencia esencial de funciones entre hombres y mujeres. En realidad, la arquitectura funciona como una verdadera prótesis de género que produce y fija las diferencias entre tales funciones biológicas. El urinario, como una protuberancia arquitectónica que crece desde la pared y se ajusta al cuerpo, actúa como una prótesis de la masculinidad facilitando la postura vertical para mear sin recibir salpicaduras. Mear de pie públicamente es una de las performances constitutivas de la masculinidad heterosexual moderna. De este modo, el discreto urinario no es tanto un instrumento de higiene como una tecnología de género que participa a la producción de la masculinidad en el espacio público. Por ello, los urinarios no están enclaustrados en cabinas opacas, sino en espacios abiertos a la mirada colectiva, puesto que mear-de-pie-entre-tíos es una actividad cultural que genera vínculos de sociabilidad compartidos por todos aquellos, que al hacerlo públicamente, son reconocidos como hombres.

Dos lógicas opuestas dominan los baños de señoras y caballeros. Mientras el baño de señoras es la reproducción de un espacio doméstico en medio del espacio público, los baños de caballeros son un pliegue del espacio público en el que se intensifican las leyes de visibilidad y posición erecta que tradicionalmente definían el espacio público como espacio de masculinidad.

Mientras el baño de señoras opera como un mini-panópticon en el que las mujeres vigilan colectivamente su grado de feminidad heterosexual en el que todo avance sexual resulta una agresión masculina, el baño de caballeros aparece como un terreno propicio para la experimentación sexual. En nuestro paisaje urbano, el baño de caballeros, resto cuasi-arqueológico de una época de masculinismo mítico en el que el espacio público era privilegio de los hombres, resulta ser, junto con los clubes automovilísticos, deportivos o de caza, y ciertos burdeles, uno de los reductos públicos en el que los hombres pueden librarse a juegos de complicidad sexual bajo la apariencia de rituales de masculinidad.

Pero precisamente porque los baños son escenarios normativos de producción de la masculinidad, pueden funcionar también como un teatro de ansiedad heterosexual. En este contexto, la división espacial de funciones genitales y anales protege contra una posible tentación homosexual, o más bien la condena al ámbito de la privacidad. A diferencia del urinario, en los baños de caballeros, el inodoro, símbolo de feminidad abjecta/sentada, preserva los momentos de defecación de sólidos (momentos de apertura anal) de la mirada pública. Como sugiere Lee Edelman (4), el ano masculino, orificio potencialmente abierto a la penetración, debe abrirse solamente en espacios cerrados y protegidos de la mirada de otros hombres, porque de otro modo podría suscitar una invitación homosexual.

No vamos a los baños a evacuar sino a hacer nuestras necesidades de género. No vamos a mear sino a reafirmar los códigos de la masculinidad y la feminidad en el espacio público. Por eso, escapar al régimen de género de los baños públicos es desafiar la segregación sexual que la moderna arquitectura urinaria nos impone desde hace al menos dos siglos,:  público/privado, visible/invisible, decente/obsceno, hombre/mujer, pene/vagina, de-pie/sentado, ocupado/libre…

Una arquitectura que fabrica los géneros mientras, bajo pretexto de higiene pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que  transforma la basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsión de un desecho orgánico sirve como ocasión para reproducir el género. Las inofensivas máquinas que comen nuestra mierda son en realidad normativas prótesis de género.

Primer matrimonio gay en Ecuador

Archivado en (articulos) escrito por dimelaplena el 08-09-2010

                                                  Joey Heateley y Hugo Vera

HUGO VERA, activista GLBTI ecuatoriano de 23 años y JOEY HATELEY, activista británico de 34, contraerán matrimonio en las dependencias del Registro Civil de esta ciudad, el 23 de noviembre de este año. El enlace fue anunciado este sábado 4 de septiembre en la discoteca gay “Blackout”, en Quito, en el contexto de una presentación artística de HATELEY dedicada públicamente a su prometido en nombre de las familias alternativas y los amores subversivos, políticos y múltiples. Se trata del primer matrimonio gay a celebrarse legalmente en el Ecuador y será posible gracias a que uno de los contrayentes nació mujer. A pesar de haber transformado su cuerpo para convertirse en hombre, y llevar legalmente un nombre de varón, HATELEY mantiene en su documento nacional de identificación, la mención de sexo legal “femenino”.

Los novios, ocupados en preparativos de boda, a firman que se casarán por cuatro razones:

  1. Porque creen que consagrar al MATRIMONIO como una opción exclusiva de HETEROSEXUALES y relegar a los GAYS a la UNION DE HECHO es instaurar un APARTHEID en el que hay ciudadanos de primera categoría y ciudadanos de segunda. Es enfatizar una visión reduccionista y mercantil de lo que es una familia diversa.
  2. Porque celebran que la misma ley discriminadora que le ha negado a HATELEY su derecho a cambiar el sexo en sus documentos es la que hoy no tiene más remedio que concederle el derecho a casarse con un hombre.
  3. Porque al amparo del matrimonio, quieren superar las trabas que usualmente enfrenta una pareja de distintas nacionalidades en cuanto a problemas de residencia, así como beneficiarse de la protección a su “familia diversa“: Hugo es papá de una niña de cuatro años y planea, en el futuro, procrear al menos otro hijo con Joey.
  4. Porque quieren recordarle a la sociedad que no sólo existen hombres y mujeres sino que también existen las personas trans. Por lo tanto, afirman, la ley debe evolucionar y empezar a reconocer a todas las identidades y cuerpos distintos.

Para mayor información: 

 

Contacto: Proyecto Transgénero

Teléfonos: (593) 95036035, 099383861

 

Leiton N23-80 y Av. La Gasca

www.proyecto-transgenero.org