Acoso callejero

Archivado en (articulos) escrito por dimelaplena el 21-11-2015

A las mujeres, aseguran algunxs como en la nefasta publicidad de Coca-Cola, nos encanta que nos piropeen. Y es cierto. A algunas mujeres, que creen que la mirada masculina es imprescindible para sentirse plenas, les encantan esos ruiditos tipo “tch-tch-tch”, esos silbidos que se parecen a la manera en que llamamos a los perros, esas consideraciones salaces sobre nuestros atributos, y otros románticos comentarios tipo “chupamela toda, perra”.

Pero muchas mujeres han abierto los ojos sobre lo que significan realmente los piropos: terrorismo psicológico, acoso, objetización de la mujer. Participan en la idea de que la calle es un lugar inseguro para una mujer sola.

Algunas de esas mujeres que se hartaron de ser tratadas como vaginas con patas que tienen necesariamente que sentirse alagadas por las miradas y los comentarios libidinosos de algunos varones, han abierto un sitio en Internet, End street harrasment (“paremos el acoso callejero”), que se ha transformado en un blog en el que cualquier mujer puede enviar su propia experiencia.

El sitio se llama Holla back e invito a todas las que padecieron acoso callejero a subir su testimonio y si la tienen, ¡su técnica para reaccionar!

Allí relaté el mío:
“La primera vez que me “piropearon”, yo tenía 12 años recién cumplidos. Era muy nena, muy inocente, y recuerdo haberme sentido muy incómoda, y haberme sentido culpable por lo que me habían dicho.

Había ido a la esquina de mi casa a comprar un helado en cucurucho. Volvía a mi casa lamiendo mi helado, cuando un hombre de unos 60 años me siguió y me empezó a preguntar: “¿Es rico ese helado? ¡Qué lindo cómo lo chupás!”

Me sentí muy culpable de estar chupando un helado, porque aunque ni sabía que existía la felatio, entendí la alusión sexual y pensé claramente que yo había provocado eso.

Nunca más en mi vida pude comer un helado en cucurucho sin tener esa sensación de estar provocando a los hombres…”
¿Cuál es la importancia de testimoniar? En el sitio lo explican:
“El acoso en las calles nos ha enseñado a guardar silencio, pero eso puede cambiar. No debemos de tolerar el acoso en nuestras casas, en el trabajo ni en la escuela; y por eso mismo no lo vamos a tolerar en las calles. Al contar tu historia conviertes una experiencia aislante y solitaria en una que se comparte. Esto hace que la atención deje de estar puesta en ti y sea puesta en el acosador. Y finalmente, te vuelves parte de una comunidad mundial que te apoya.”